martes, 23 de febrero de 2010

Pétalo 203 :) Juntos no atados

Existe una vieja leyenda de los indios Sioux, que va siendo contada de generación en generación la noches de luna llena, se díce que una vez llegaron hasta la tienda del viejo chamán de la tribu, tomados de la mano, Búfalo Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros del poblado del norte cercano al río, y Rayo de Sol , la hija del uno de los arqueros más leales al gran jefe de la tribu, además una de las más hermosas  y querida por su sencillez y humildad.

- Nos amamos, comentó el jóven Búfalo Bravo. 

- Y nos vamos a unir con su beneplácito, respondió ella.

- Y nos queremos tanto que tenemos miedo, queremos un hechizo, un conjuro, o un talismán. Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta esperar a la muerte.

- Por favor apreciado chamán, repitieron ambos al unísomo, hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y anhelantes esperando su sabia palabra.

- Hay algo, dijo el viejo chamán, aunque no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada. 

- Rayo de Sol, dijo el brujo ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendíste?

- Y tú, Búfalo Bravo, prosiguió el brujo, deberás escalar la montaña del trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas, y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin dañarla lo más mínimo y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Rayo de Sol con su halcón. ¡Salgan ahora jóvenes enamorados!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del gran chamán, los dos jóvenes esperaban con las jaulas que contenían las aves solicitadas.

El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de ellas.

Eran verdaderamente hermosos ejemplares.

- Y ahora ¿qué haremos?, preguntó el joven ¿los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

- No, respondió el chamán, los indios sólo sacrificamos para subsistir.

- ¿Las adiestraremos y tendremos con nosotros para siempre como mascotas? propuso la jóven.

- No, respondió el viejo. Harán esto que les encomiendo con sumo cuidado: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero. Cuando las hayan anudado, suéltenlas y permitan que vuelen libres...

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el suelo de arena. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta comenzar a lastimarse...

Este es el conjuro, díjo el viejo chamán: Jamás olviden lo que han visto jóvenes enamorados. Son ustedes como un águila y un halcón. Si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro como han hecho estas aves, déjenlas libres y ellas permanecerán una junto a la otra el resto de su vida.


Un abrazo. Mari Cruz

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